egoísmo cotidiano

Los no-veranos

17 julio, 2016

Los_no_veranos

Este año no voy a engañarme más. No existe el verano, al menos el mío. No hay tardes de playa, ni baños en la piscina ni conexiones en aeropuertos remotos. No hay protección 50, ni noches de festival, ni una cerveza que se complica al terminar de trabajar. No hay tardes libres, ni mañanas de llegar a las 9.30 después de haber estado un par de horas corriendo. Solo hay una ciudad semi desierta, mucho calor, muchas cuentas atrás.

Este año no voy a decirme eso de que intentaré apretar ahora en julio para poder tener tiempo libre en agosto porque luego vendrá algo que lo torcerá todo. No hay planes para más adelante, ni comidas que terminan en la piscina con una botella de vodka y un queso de importación. Hay, en cambio, agotamiento, desgana, indiferencia, ganas de terminar. Una copa de vino junto al ordenador y pocas ganas de ponerme a escribir, de eso también hay.

Quedan poco menos de 100 días para tener vacaciones y coger un avión a Marte, si no hay ninguna emergencia los días antes en Estambul o si no viene otro tsunami que lo arrasa todo. Llevaba bien la incertidumbre hasta que la incertidumbre lo llenó todo. De alguna manera, parece que todo se guarda para octubre, para cuando el verano esté bien lejos y las tardes vuelvan a ser ridículamente cortas. Me marco plazos sin querer, dibujo fases que se terminan alargando demasiado, unas porque no hay otro remedio y otras porque soy gilipollas, aunque eso ya lo dije hace un par de días 😉

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